Seguro que ya ha empezado a unir cabos. La visibilidad requiere tiempo y se
multiplica en función de la profundidad jerárquica. El tiempo para escuchar
(dirigir “de oídas”), se reduce y apenas resta para contrastar los datos. Antes
o después, los grupos de las capas inferiores en la jerarquía se dan cuenta de
ello y ejercen su poder: el poder inverso. Al ser conscientes de su capacidad,
ocultarán a las capas superiores lo que no convenga y forzarán la toma
decisiones que les beneficien.
Como todo el mundo es cocinero antes que fraile, los grupos directivos conocen
esta circunstancia pero ¿cómo resolverla una vez metidos en la vorágine del día
a día? Desde mi tribuna, es fácil decir que deberían pararse, contratar a uno
de nuestros equipos de expertos y solucionar el problema. La realidad es bien
distinta. Existen otros recursos a corto plazo. Le voy a detallar uno, no
porque lo recomiende sino porque confío en que, al verlo escrito, lo descarte y aborrezca.
El principio es sencillo: haga que le teman. Tanto usted como sus
subordinados saben que no tiene herramientas ni tiempo para contrastar lo que
le dicen pero seguro que, en algún momento, estos cometen un error y usted
descubre una omisión interesada o un objetivo espurio. Ejerza entonces su
autoridad y aplique un castigo ejemplar. Me dirá que en una empresa grande los
mecanismos punitivos están limitados. Probablemente las medidas disciplinares
estén fuera de su alcance además, utilizarlas podría volverse fácilmente en su
contra. Por otra parte, usted necesita seguir dirigiendo “de oídas”: recuerde
el objetivo de visibilidad unido a que su jefe hará lo propio, es decir,
dirigir según le cuente usted. Solo queda un recurso: grite, sea impertinente,
amenace y, si es necesario, recurra al insulto a sus subordinados. Ya que no
puede analizar los datos, analice los discursos. Busque titubeos o la más
ligera inconsistencia para dar rienda suelta a su ira. Da igual lo irrelevante
del fallo. Su paradigma es: un descuido en el discurso oculta una mentira. Tenga
en cuenta que sus subordinados pasarán horas preparando sus intervenciones de
manera que deberá agudizar su percepción emocional.
Dicho esto, creo que es justo señalarle algunos inconvenientes más allá de
los evidentes:
Podría seguir con una larga lista pero, llegados a este punto, estoy seguro que usted también de manera que aquí concluyo. Que tenga un buen día.
- Al buscar el fallo en lo accesorio se perderá lo sustancial.
- Nadie confía en quien teme. Sus colaboradores nunca le harán una crítica o le confesarán un error salvo que sea imposible de ocultar.
- Nos educamos para evitar las explosiones de ira. Si da rienda suelta al instinto podría no controlarlo y aparecer en el momento menos conveniente.
- Es poco probable que un empleado recurra al conducto reglamentario para denunciar sus formas pero, si lo hace, su carrera habrá acabado. No hay corporativismo en el reino de los tiranos.
Podría seguir con una larga lista pero, llegados a este punto, estoy seguro que usted también de manera que aquí concluyo. Que tenga un buen día.
Interesante artículo sobre la estrategia que se impone en ciertos ámbitos empresariales que provoca que a veces se gasten los recursos de manera innecesaria.
ResponderEliminarGracias por tu amable comentario Antonio.
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